lunes, 16 de junio de 2008

No ve , no habla , no se puede mover, pero ama la vida

Olga Bejarano , Esta riojana lleva 20 años sufriendo una parálisis progresiva. Le pronosticaron seis meses de vida como consecuencia de la anestesia en una simple operación de apendicitis. Ahora tiene 44 años con una alegría por vivir; una vida rica en experiencias por transmitir en sus libros.

Todo ello la llevó a una oración constante: «Desde que descubrí a Dios me sucede algo similar a cuando una persona se enamora: me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír. En la oración lo que cuenta no es lo que nosotros hacemos, sino lo que Dios hace en nosotros durante ese tiempo».

Lo cual no la exime de un sufrimiento atroz: «Cuando rezo le pido fuerzas a Dios para que me ayude a llevar una cruz que cada día pesa más y que ya ha pasado por las tres fases: al principio era ligera, como si fuera de plástico; luego se transformó en madera y desde hace 14 años, me parece de hierro».




«Para mí, cada día que tengo de vida es una propina y un milagro. Entiendo que, procesos de enfermedad larga, crónica y cruel, hagan que algunos enfermos se desesperen pero, en mi caso, mi cuerpo cada día me va diciendo que lógicamente no voy a más joven, ni a más sana; siento que el final cada día está más próximo. Si veinte años se me han pasado en un suspiro, el final sólo Dios sabe lo que va a durar pero seguro que me llegará cuando menos lo espere», dijo hace unos meses.

Aludiendo a una experiencia personal de encuentro con Dios, explicaba su postura ante el encuentro definitivo: «Cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía: ¡Otra vez estoy aquí! Me dijiste que la próxima vez que nos viéramos no tendría que volver. Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes».

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