sábado, 29 de septiembre de 2012

Domingo 30


[ † ] Domingo 30 de Septiembre de 2012. Excepto causa grave, no asistir a Misa dominical es pecado GRAVE. Precepto: Misa ENTERA. Desde Sábado 16:00 puede ser Domingo, según diócesis (Catecismo 2042, 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15).
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28 sep (hace 1 día)
para evangelio
JMJ
Pax
† Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 38-43.45.47-48
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Juan a Jesús:
"Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos".
Jesús le respondió:
"No se lo prohiban, porque ninguno que haga milagros en mi nombre puede hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y todo el que les dé un vaso de agua porque anuncian al Mesías, les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie es ocasión de pecado, para ti, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que con los dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo es ocasión de pecado par ti, sácatelo: pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

Suplicamos su oración: Esto es gratis pero cuesta. No sería posible sin sus oraciones: al menos un Avemaría de corazón por cada email que lea. Dios te salve María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo; bendita tu eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús; Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. ¡Recuérdenos en sus intenciones y misas!
Aclaración: una relación muere sin comunicación y comunidad-comunión. Con Dios es igual: las “palabras de vida eterna” (Jn 6,68; Hc 7,37) son fuente devida espiritual (Jn 6, 63), pero no basta charlar por teléfono (oración), es necesario visitarse, y la Misa permite ver a Jesús, que está tan presente en la Eucaristía, que Hostias han sangrado: www.therealpresence.org/eucharst/mir/span_mir.htm
Por leer la Palabra, no se debe dejar de ir a Misa, donde ofrecemos TODO (Dios) a Dios: al actualizarse el sacrificio de la Cruz, a) co-reparamos el daño que hacen nuestros pecados al Cuerpo de Cristo que incluye los Corazones de Jesús y de María, a Su Iglesia y nosotros mismos, b) adoramos, c) agradecemos y d) pedimos y obtenemos Gracias por nuestras necesidades y para la salvación del mundo entero… ¿Que pasa en CADA Misa? 5 minutos:http://www.youtube.com/watch?v=v82JVdXAUUs
Lo que no ven tus ojos (2 minutos): http://www.gloria.tv/?media=200354
Película completa (1 hora): http://www.gloria.tv/?media=272692
Si Jesús se apareciera, ¿no correríamos a verlo, tocarlo, adorarlo? Jesús está aquí y lo ignoramos. Jesús nos espera (Mc 14,22-24) en la Eucaristía: “si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros” (Jn 6,53; 1 Jn 5,12). Si comulgamos en estado de Gracia y con amor, nos hacemos uno (común-unión) con el Amor y renovamos la Nueva Alianza de Amor. Si faltamos a las bodas del Cordero (Ap.19,7-10) con su Iglesia (nosotros), sabiendo que rechazamos el Amor de Dios, que está derramando toda su Sangre por nuestros pecados personales, nos auto-condenamos a estar eternamente sin Amor: si una novia falta a su boda, es ella la que se aparta del amor del Novio para siempre, sabiendo que Él da la Vida por ella en el altar. Idolatramos aquello que preferimos a Él (descanso, comida, trabajo, compañía, flojera). Por eso, es pecado mortal faltar sin causa grave a la Misa dominical y fiestas (Catecismo 2181; Mt 16, 18-19; Ex 20,8-10; Tb 1,6; Hch 20,7; 2 Ts 2,15). “Te amo, pero quiero verte todos los días, y menos los de descanso”. ¿Qué pensaríamos si un cónyuge le dice eso a otro? ¿Le ama realmente? Estamos en el mundo para ser felices para siempre, santos. Para lograr la santidad, la perfección del amor, es necesaria la Misa y comunión, si es posible, diaria, como pide la Cátedra de Pedro, el representante de Cristo en la tierra (Canon 904). Antes de comulgar debemos confesar todos los pecados mortales: “quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propia condenación” (1 Cor 11,29; Rm 14,23). ¿Otros pecados mortales? no confesar pecados graves al menos una vez al año (CDC 989), no comulgar al menos en tiempo pascual (920), abortar (todos los métodos anticonceptivos son abortivos), promover el aborto (derecho a decidir, derechos (i)reproductivos, fecundación artificial), planificación natural sin causa grave, actividad sexual fuera del matrimonio por iglesia, demorar en bautizar a los niños, privar de Misa a niños en uso de razón, borrachera, drogas, comer a reventar, envidia, calumnia, odio o deseo de venganza, ver pornografía, robo importante, chiste o burla de lo sagrado, etc. Si no ponemos los medios para confesamos lo antes posible y nos sorprende la muerte sin arrepentirnos, nos auto-condenamos al infierno eterno (Catecismo 1033-41; Mt. 5,22; 10, 28; 13,41-50; 25, 31-46; Mc 9,43-48, etc.). Estos son pecados mortales objetivamente, perosubjetivamente, pueden ser menos graves, si hay atenuantes como la ignorancia. Pero ahora que lo sabes, ya no hay excusa.

† Misal

26a. Dom Ord Ciclo B

Antífona de Entrada

Podrías hacer recaer sobre nosotros, Señor, todo el rigor de tu justicia, porque hemos pecado contra ti y hemos desobedecido tus mandatos; pero haz honor a tu nombre y trátanos conforme a tu inmensa misericordia.

Se dice "Gloria".

Oración Colecta

Oremos:
Dios nuestro, que con tu perdón y tu misericordia nos das la prueba más delicada de tu omnipotencia; apiádate de nosotros, pecadores, para que no desfallezcamos en la lucha por obtener el cielo que nos has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.


Primera Lectura

Ojalá todo el pueblo de Dios fuera profeta
Lectura del libro de los Números 11, 25-29
En aquellos días, el Señor descendió en la nube y habló a Moisés; tomó del espíritu que había en él y se lo dio a los setenta ancianos. Cuando el espíritu de Moisés se posó sobre ellos, se pusieron en seguida a profetizar. Habían quedado en el campamento dos de ellos, uno llamado Eldad y el otro Medad. También sobre ellos se posó el espíritu, pues aunque no habían ido a la reunión eran de los elegidos, y ambos comenzaron a profetizar en el campamento. Un muchacho corrió a decir a Moisés:
"Eldad y Medad están profetizando en el campamento".
Entonces Josué, hijo de Nun, que desde muy joven era ayudante de Moisés, intervino diciendo::
"Moisés, señor mío, prohíbeselo".
Pero Moisés respondió:
"¿Tienes celos de mí? ¡Ojalá todo el pueblo de Dios fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!"
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 18, 8.10.12-13.14
Los mandamientos del Señor alegran el corazón.
La ley del Señor es perfecta y da consuelo al hombre; el mandato del Señor es verdadero y da sabiduría al ignorante.
Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

El temor del Señor es puro y permanece para siempre; los juicios del Señor son verdad y todos justos por igual.
Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Por eso tu siervo está atento a ellos: cumplirlos trae una gran recompensa. ¿Quién conoce sus propios errores? Purifícame tú de las faltas ocultas.
Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Protege también a tu siervo del orgullo, que jamás me domine. Entonces seré irreprochable e inocente del gran pecado.
Los mandamientos del Señor alegran el corazón.

Segunda Lectura

Sus riquezas se han corrompido
Lectura de la carta del apóstol Santiago 5, 1-6
Y ustedes los ricos, lloren y laméntense, por las desgracias que les esperan. Su riqueza está corrompida y la polilla se ha comido sus vestidos; su oro y su plata están enmohecidos y este moho será una prueba contra ustedes y consumirá sus carnes como el fuego.
¿Para qué amontonar riquezas si estamos en los últimos días? El salario que ustedes han defraudado a los trabajadores que segaron sus campos está clamando, y los gritos de los cosechadoras han llegado hasta el oído del Señor todopoderoso. Han vivido en este mundo lujosamente y entregados al placer, engordando para el día de la matanza. Han condenado, han matado al inocente, y ya no les ofrece resistencia.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Tu palabra, Señor, es la verdad; santifícanos en la verdad.
Aleluya.

Evangelio

El que no está contra nosotros está a nuestro favor
† Lectura del santo evangelio según san Marcos 9, 38-43.45.47-48
Gloria a ti, Señor.
En aquel tiempo dijo Juan a Jesús:
"Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre, y como no es de los nuestros, se lo prohibimos".
Jesús le respondió:
"No se lo prohiban, porque ninguno que haga milagros en mi nombre puede hablar mal de mí. Pues el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Y todo el que les dé un vaso de agua porque anuncian al Mesías, les aseguro que no se quedará sin recompensa.
Al que sea ocasión de pecado para uno de estos pequeños que creen en mí, más le valdría que le colgaran al cuello una piedra de molino y lo arrojaran al mar. Y si tu mano es ocasión de pecado para ti, córtatela: más te vale entrar manco en la vida que ir con las dos manos al lugar de castigo, al fuego que no se apaga. Y si tu pie es ocasión de pecado, para ti, córtatelo: más te vale entrar cojo en la vida que con los dos pies ser arrojado al lugar de castigo. Y si tu ojo es ocasión de pecado par ti, sácatelo: pues más te vale entrar tuerto en el Reino de Dios que ser arrojado con los dos ojos al lugar de castigo, donde el gusano no muere y el fuego no se apaga".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.


Se dice "Credo".

Oración de los Fieles

Celebrante:
Oremos, hermanos y hermanas, por todos los seres humanos y sus necesidades, para que a nadie falte nunca la ayuda de nuestra caridad:
(Respondemos a cada petición: Señor, ten piedad).

Para que el Señor vivifique su Iglesia y le conceda santos y numerosos ministros que iluminen y santifiquen a los fieles, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.

Para que Dios conceda a los gobernantes el deseo de ser justos e infunda en los responsables de los pueblos el sentido de unidad de la familia humana, roguemos al señor.
Señor, ten piedad.

Para que los que buscan a Dios sinceramente encuentren la verdad que desean y, habiéndola encontrado, descansen contemplándola, roguemos al Señor.
Señor, ten piedad.

Para que el Señor perdone nuestras culpas, no permita que recaigamos en el pecado y nos libre de una muerte imprevista, roguemos al Señor. Señor, ten piedad.
Celebrante:
Dios nuestro, que no privas nunca a tu pueblo de profetas que anuncien el Evangelio, derrama el Espíritu sobre tu Iglesia para que todos los fieles, enriquecidos con tus dones, proclamen ante el mundo tus maravillas.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Padre misericordioso, nuestros dones y conviértelos en el Cuerpo y la Sangre de tu Hijo,
fuente de toda bendición para tu Iglesia.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.


Prefacio

Historia de la salvación
En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque él, con su nacimiento, restauró nuestra naturaleza caída; con su muerte, destruyó nuestro pecado; al resucitar, nos dio nueva vida; y en su ascención, nos abrió el camino de tu reino.
Por eso,
unidos a los coros angélicos, te aclamamos llenos de alegría:

Antífona de la Comunión

Recuerda, Señor, la promesa que le hiciste a tu siervo: en ella he puesto toda mi esperanza y ha mi consuelo en la aflicción.

Oración después de la Comunión

Oremos:
Que esta Eucaristía renueve, Señor, nuestro cuerpo y nuestro espíritu a fin de que podamos participar de la herencia gloriosa de tu Hijo, cuya muerte hemos anunciado y compartido.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

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† Meditación diaria

Vigésimo sexto Domingo
ciclo b
TAREA DE TODOS
— Formas y modos apostólicos diferentes. Unidad en lo esencial. Rechazar la mentalidad de “partido único” en la Iglesia.
— Toda circunstancia es buena para el apostolado.
— La caridad, vínculo de unión y fundamento del apostolado.
I. La Primera lectura de la Misa1 recoge el pasaje del Antiguo Testamento en el que Yahvé, a instancias de Moisés, que no se sentía con fuerzas para llevar solo la carga de todo el pueblo, separó algo del espíritu que este poseía y lo pasó a los setenta ancianos. Estos, que se habían congregado en torno a la Tienda de la Reunión, comenzaron enseguida a profetizar. Pero dos de ellos, llamados Eldad y Medad, aunque estaban en la lista no habían acudido a la Tienda, pero el espíritu se posó sobre ellos y se pusieron a profetizar en el campamento. Entonces se acercó Josué a Moisés para que se lo prohibiera. La reacción de Moisés fue profética: ¡Ojalá todo el pueblo del Señor fuera profeta y recibiera el espíritu del Señor!
El Evangelio de la Misa nos relata un suceso en cierto modo similar2. Juan se acercó a Jesús para decirle que habían visto a uno que echaba demonios en su nombre. Como no era del grupo que acompañaba al Maestro, se lo habían prohibido. Jesús contestó a los suyos: No se lo impidáis, porque uno que hace milagros en mi nombre no puede luego hablar mal de Mí.
Jesús reprueba la intransigencia y la mentalidad exclusivista y estrecha de los discípulos, y les abre el horizonte y el corazón a un apostolado universal, variado y distinto. Los cristianos no tenemos la mentalidad de partido único, que llevaría a rechazar formas apostólicas distintas de las que uno, por formación y modo de ser, se siente llamado a realizar. La única condición –dentro de esta gran variedad de modos de llevar a Cristo a las almas– es la unidad en lo esencial, en aquello que pertenece al núcleo fundamental de la Iglesia. El Papa Juan Pablo II, después de afirmar la libertad de asociación, derivada del Bautismo, que existe dentro de la Iglesia, se refería a los criterios fundamentales que pueden servir para discernir si realmente una determinada asociación mantiene la comunión con la Iglesia3. Entre estos criterios –señala el Pontífice– se encuentra la primacía que se debe dar a lallamada de cada fiel a la santidad, que tiene como fruto principal la plenitud de la vida cristiana y la perfección de la caridad. En este sentido, las asociaciones están llamadas a ser instrumentos de santidad en la Iglesia.
Otro criterio que señala el Papa es el apostolado, en el que ante todo se debe proclamar la verdad sobre Cristo, sobre la Iglesia y sobre el hombre, en la obediencia al Magisterio de la Iglesia que la interpreta auténticamente. Este apostolado es participación del fin sobrenatural de la Iglesia, que tiene como objetivo la salvación de todos los hombres. Todos los cristianos participan de este fin misionero; el Señor nos pide ser apóstoles en la fábrica, en la oficina, en la Universidad, en el propio hogar... Como consecuencia de su ser cristiano, los fieles y las asociaciones a las que pertenecen manifiestan suunidad filial con el Papa y con los Obispos, dando testimonio de una comunión firme y convencida, expresada en la leal disponibilidad para acoger sus enseñanzas doctrinales y sus orientaciones pastorales. Esta unidad se manifiesta, además, en el reconocimiento de la legítima pluralidad de las diversas formas asociadas de los laicos, y en la disponibilidad a una leal y recíproca colaboración.
Si somos cristianos verdaderos, siendo a veces muy distintos por tantos motivos, estaremos comprometidos en llevar a Dios la sociedad en la que vivimos y de la que somos parte, iluminando nuestra conducta con la luz de la doctrina social de la Iglesia, lo que nos llevará a preocuparnos de la dignidad integral del hombre, y promoviendo unas condiciones más justas y fraternas en el medio en el que nos movemos.
Si tenemos en el corazón a Cristo, ¡qué fácil será aceptar modos de ser y de actuar bien diferentes a los nuestros! ¡Cómo nos alegraremos de que el Señor sea predicado de formas tan diversas! Esto es lo que realmente importa: que Cristo sea conocido y amado.
La Buena Nueva ha de llegar a todos los rincones de la tierra. Y para esta tarea, el Señor cuenta con la colaboración de todos: hombres y mujeres, sacerdotes y laicos, jóvenes y ancianos, solteros, casados, religiosos.... asociados o no, según hayan sido llamados por Dios, con iniciativas que nacen de la riqueza de la inteligencia humana y del impulso siempre nuevo del Espíritu Santo.
II. Todo cristiano está llamado a extender el Reino de Cristo, y toda circunstancia es buena para llevarlo a cabo. “Dondequiera que Dios abre una puerta a la palabra para anunciar el misterio de Cristo a todos los hombres, confiada y constantemente hay que anunciar al Dios vivo y a Jesucristo, enviado por Él para salvar a todos”4. Ante la cobardía, la pereza o las múltiples excusas que pueden surgir, hemos de pensar que muchos recibirán la incomparable gracia de acercarse a Cristo a través de nuestra palabra, de nuestra alegría, de una vida ejemplar llena de normalidad. El apostolado con las personas entre las que Dios ha querido que transcurra nuestra vida no debe detenerse nunca: los modos y las formas pueden ser muy diversos, pero el fin es el mismo. ¡Qué caminos tan distintos escoge el Señor para atraer a las almas!
“Conservemos la dulce y confortadora alegría de evangelizar, incluso cuando hay que sembrar entre lágrimas”5. No podemos considerar las circunstancias adversas como un obstáculo para dar a conocer a Cristo, sino como medio muy valioso para extender su doctrina, como demostraron los primeros cristianos y tantos –también ahora– que han padecido a causa de la fe. San Pablo, desde su prisión en Roma, escribe de esta manera a los cristianos de Filipo: la mayor parte de los hermanos en el Señor, alentados por mis cadenas, se ha atrevido con más audacia a predicar sin miedo la palabra de Dios. Y aunque algunos predicaban por envidia, con falta de rectitud de intención, el Apóstol exclama: Pero ¡qué importa! Con tal de que en cualquier caso, ya sea por hipocresía o sinceramente, Cristo sea anunciado; de esto me alegro y me alegraré siempre6. Lo verdaderamente importante es que el mundo esté cada día un poco más cerca de Cristo. Y a esta tarea llama el Señor a todos, pero no de la misma manera, en una uniformidad que empobrecería el apostolado. No cabe inhibirse en este quehacer divino, ni tampoco cabe la mentalidad de “partido único”. Nunca la Iglesia trató de “uniformar” a los cristianos; por el contrario, consideró siempre como un tesoro la variedad de espiritualidades y de apostolados.
Aunque es bien cierto que el trabajo, los tiempos de descanso, la visita a un amigo, el deporte, pueden ser camino para llevar a Dios a esas personas, también lo han de ser las contradicciones de un ambiente abierta o solapadamente contrario a la fe. Esa puede ser una ocasión muy oportuna para ejercitarnos en la caridad, apreciando y tratando bien incluso a quienes no nos comprenden o nos tratan mal. San Policarpo, obispo y mártir, en su Carta a los Filipenses que hoy recoge la Liturgia de las Horas, les exhortaba a abstenerse “de la maldición y de los falsos testimonios, no devolviendo mal por mal, o insulto por insulto, ni golpe por golpe, ni maldición por maldición, sino recordando más bien aquellas palabras del Señor, que nos enseña: no juzguéis, y no os juzgarán; perdonad, y seréis perdonados; compadeced, y seréis compadecidos. La medida que uséis la usarán con vosotros. Y: dichosos los pobres y los perseguidos, porque de ellos es el reino de Dios”7. No reaccionaremos de modo adusto, no devolveremos mal por mal; la defensa, cuando sea oportuna, la llevaremos a cabo respetando a las personas. Y trataremos de enseñar, con todos los medios a nuestro alcance, que el motor que mueve nuestra vida es la caridad de Cristo. Todo apostolado llevado a cabo a la sombra de la Cruz es siempre fecundo.
III. Sea cual fuere el modo apostólico al que el cristiano se sienta llamado y las circunstancias en las que haya de ejercerlo, la caridad ha de ir siempre por delante. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, había anunciado el Señor8.
Cuando San Pablo escribe a los cristianos de Tesalónica y les recuerda su estancia entre ellos, les dice: Como un padre a sus hijos –lo sabéis bien–, a cada uno os alentamos y consolamos, exhortándoos a que caminaseis de una manera digna ante Dios, que os llama a su Reino y a su gloria9A cada uno, escribe el Apóstol, pues no se limitó a predicar en la sinagoga o en otros lugares públicos, como solía hacer. Se ocupó de cada persona en particular; con el calor de la amistad supo dar a cada uno aliento y consuelo, y les enseñaba cómo debían comportarse. Así hemos de procurar hacer nosotros con aquellos con quienes compartimos el mismo lugar de trabajo, el mismo hogar, la misma clase..., la vecindad. Acercarnos primero con la caridad bien vivida, base de todo apostolado, apreciando de corazón a quienes nos rodean aunque al principio pueda resultar difícil el trato; sin permitir que defectos, aparentes o reales, nos separen de ellos. “La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza”10. En cada uno vemos a un hijo de Dios de valor infinito, y esto nos lleva a un aprecio sincero, que está por encima de los defectos, de los modos de ser...
Quienes hemos recibido el don de la fe sentimos la necesidad de comunicarla a los demás, haciéndoles partícipes del gran hallazgo de nuestra vida. Esta misión, como vemos frecuentemente en la vida de los primeros cristianos, no es competencia exclusiva de los pastores de almas, es tarea de todos, cada uno según sus peculiares circunstancias y la llamada que ha recibido del Señor. Examinemos hoy si la influencia cristiana que ejercemos a nuestro alrededor es la que espera el Señor. No olvidemos las consoladoras palabras de Jesús, que también leemos en el Evangelio de la Misa: Y cualquiera que os dé de beber un vaso de agua en mi nombre, porque sois de Cristo, en verdad os digo que no perderá su recompensa. ¿Qué nos tendrá preparado el Señor a nosotros si a lo largo de la vida hemos procurado que se acerquen a Él tantas almas?
1 Num 11, 25-29. — 2 Mc 9, 38-41. — 3 Juan Pablo II, Exhort. Apost. Christifideles laici, 30-XII-1988, 30. — 4 Conc. Vat. II, Decr. Ad gentes, 13. — 5 Pablo VI, Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 8-XII-1975, 80. — 6 Flp 1, 14-18. — 7 Liturgia de las Horas, Oficio de Lectura. Segunda lectura. — 8 Jn 13, 35. — 9 1 Tes 2, 11-12. — 10 Pablo VI, loc. cit., 79.
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† Santoral                   (si GoogleGroups corta el texto, lo encontrará en www.iesvs.org)

San JerónimoDoctor de la Iglesia
Año 420

Jerónimo bendito: pídele a Dios que a nosotros se nos prenda o
contagie ese amor tuyo tan inmenso por la Sagrada Biblia,
por estudiar, amar y practicar la Palabra de Dios.
Bendice a todos los que en el mundo entero se
dedican a dar a conocer y amar el Libro Santo.
Jerónimo quiere decir: el que tiene un nombre sagrado.
(Jero = sagrado. Nomos = nombre).
San
          JerónimoDicen que este santo ha sido el hombre que en la antigüedad estudió más y mejor la S. Biblia.Nació San Jerónimo en Dalmacia (Yugoslavia) en el año 342. Sus padres tenían buena posición económica, y así pudieron enviarlo a estudiar a Roma.
En Roma estudió latín bajo la dirección del más famoso profesor de su tiempo, Donato, el cual hablaba el latín a la perfección, pero era pagano. Esta instrucción recibida de un hombre muy instruido pero no creyente, llevó a Jerónimo a llegar a ser un gran latinista y muy buen conocedor del griego y de otros idiomas, pero muy poco conocedor de los libros espirituales y religiosos. Pasaba horas y días leyendo y aprendiendo de memoria a los grandes autores latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio y Tácito, y a los autores griegos: Homero, y Platón, pero no dedicaba tiempo a leer libros religiosos que lo pudieran volver más espiritual.
En una carta que escribió a Santa Eustoquia, San Jerónimo le cuenta el diálogo aterrador que sostuvo en un sueño o visión. Sintió que se presentaba ante el trono de Jesucristo para ser juzgado, Nuestro Señor le preguntaba: "¿A qué religión pertenece? Él le respondió: "Soy cristiano – católico", y Jesús le dijo: "No es verdad". Que borren su nombre de la lista de los cristianos católicos. No es cristiano sino pagano, porque sus lecturas son todas paganas. Tiene tiempo para leer a Virgilio, Cicerón y Homero, pero no encuentra tiempo para leer las Sagradas Escrituras". Se despertó llorando, y en adelante su tiempo será siempre para leer y meditar libros sagrados, y exclamará emocionado: "Nunca más me volveré a trasnochar por leer libros paganos". A veces dan ganas de que a ciertos católicos les sucediera una aparición como la que tuvo Jerónimo, para ver si dejan de dedicar tanto tiempo a lecturas paganas e inútiles (revistas, novelas) y dedican unos minutos más a leer el libro que los va a salvar, la Sagrada Biblia.
Jerónimo dispuso irse al desierto a hacer penitencia por sus pecados (especialmente por su sensualidad que era muy fuerte, y por su terrible mal genio y su gran orgullo). Pero allá aunque rezaba mucho y ayunaba, y pasaba noches sin dormir, no consiguió la paz. Se dio cuenta de que su temperamento no era para vivir en la soledad de un desierto deshabitado, sin tratar con nadie.
El mismo en una carta cuenta cómo fueron las tentaciones que sufrió en el desierto (y esta experiencia puede servirnos de consuelo a nosotros cuando nos vengan horas de violentos ataques de los enemigos del alma). 
San Francisco de Sales recomendaba leer esta página de nuestro santo porque es bellísima y provechosa: Dice así: "En el desierto salvaje y árido, quemado por un sol tan despiadado y abrasador que asusta hasta a los que han vivido allá toda la vida, mi imaginación hacía que me pareciera estar en medio de las fiestas mundanas de Roma. En aquel destierro al que por temor al infierno yo me condené voluntariamente, sin más compañía que los escorpiones y las bestias salvajes, muchas veces me imaginaba estar en los bailes de Roma contemplando a las bailarinas. Mi rostro estaba pálido por tanto ayunar, y sin embargo los malos deseos me atormentaban noche y día. Mi alimentación era miserable y desabrida, y cualquier alimento cocinado me habría parecido un manjar exquisito, y no obstante las tentaciones de la carne me seguían atormentando. Tenía el cuerpo frío por tanto aguantar hambre y sed, mi carne estaba seca y la piel casi se me pegaba a los huesos, pasaba las noches orando y haciendo penitencia y muchas veces estuve orando desde el anochecer hasta el amanecer, y aunque todo esto hacía, las pasiones seguían atacándome sin cesar. Hasta que al fin, sintiéndome impotente ante tan grandes enemigos, me arrodillé llorando ante Jesús crucificado, bañé con mis lágrimas sus pies clavados, y le supliqué que tuviera compasión de mí, y ayudándome el Señor con su poder y misericordia, pude resultar vencedor de tan espantosos ataques de los enemigos del alma. Y yo me pregunto: si esto sucedió a uno que estaba totalmente dedicado a la oración y a la penitencia, ¿qué no les sucederá a quienes viven dedicados a comer, beber, bailar y darle a su carne todos los gustos sensuales que pide?".
San
          JerónimoVuelto a la ciudad, sucedió que los obispos de Italia tenían una gran reunión o Concilio con el Papa, y habían nombrado como secretario a San Ambrosio. Pero este se enfermó, y entonces se les ocurrió nombrar a Jerónimo. Y allí se dieron cuenta de que era un gran sabio que hablaba perfectamente el latín, el griego y varios idiomas más. El Papa San Dámaso, que era poeta y literato, lo nombró entonces como su secretario, encargado de redactar las cartas que el Pontífice enviaba, y algo más tarde le encomendó un oficio importantísimo: hacer la traducción de la S. Biblia.
Las traducciones de la Biblia que existían en ese tiempo tenían muchas imperfecciones de lenguaje y varias imprecisiones o traducciones no muy exactas.
Jerónimo, que escribía con gran elegancia el latín, tradujo a este idioma toda la S. Biblia, y esa traducción llamada "Vulgata" (o traducción hecha para el pueblo o vulgo) fue la Biblia oficial para la Iglesia Católica durante 15 siglos. Unicamente en los últimos años ha sido reemplazada por traducciones más modernas y más exactas, como por ej. La Biblia de Jerusalén y otras.
Casi de 40 años Jerónimo fue ordenado de sacerdote. Pero sus altos cargos en Roma y la dureza con la cual corregía ciertos defectos de la alta clase social le trajeron envidias y rencores (Él decía que las señoras ricas tenían tres manos: la derecha, la izquierda y una mano de pintura... y que a las familias adineradas sólo les interesaba que sus hijas fueran hermosas como terneras, y sus hijos fuertes como potros salvajes y los papás brillantes y mantecosos, como marranos gordos...). Toda la vida tuvo un modo duro de corregir, lo cual le consiguió muchos enemigos. Con razón el Papa Sixto V cuando vio un cuadro donde pintan a San Jerónimo dándose golpes de pecho con una piedra, exclamó: "¡Menos mal que te golpeaste duramente y bien arrepentido, porque si no hubiera sido por esos golpes y por ese arrepentimiento, la Iglesia nunca te habría declarado santo, porque eras muy duro en tu modo de corregir!".
Sintiéndose incomprendido y hasta calumniado en Roma, donde no aceptaban el modo fuerte que él tenía de conducir hacia la santidad a muchas mujeres que antes habían sido fiesteras y vanidosas y que ahora por sus consejos se volvían penitentes y dedicadas a la oración, dispuso alejarse de allí para siempre y se fue a la Tierra Santa donde nació Jesús.
Sus últimos 35 años los pasó San Jerónimo en una gruta, junto a la Cueva de Belén. Varias de las ricas matronas romanas que él había convertido con sus predicaciones y consejos, vendieron sus bienes y se fueron también a Belén a seguir bajo su dirección espiritual. Con el dinero de esas señoras construyó en aquella ciudad un convento para hombres y tres para mujeres, y una casa para atender a los peregrinos que llegaban de todas partes del mundo a visitar el sitio donde nació Jesús.
Allí, haciendo penitencia, dedicando muchas horas a la oración y días y semanas y años al estudio de la S. Biblia, Jerónimo fue redactando escritos llenos de sabiduría, que le dieron fama en todo el mundo.
Con tremenda energía escribía contra los herejes que se atrevían a negar las verdades de nuestra santa religión. Muchas veces se extralimitaba en sus ataques a los enemigos de la verdadera fe, pero después se arrepentía humildemente.
La Santa Iglesia Católica ha reconocido siempre a San Jerónimo como un hombre elegido por Dios para explicar y hacer entender mejor la S. Biblia. Por eso ha sido nombrado Patrono de todos los que en el mundo se dedican a hacer entender y amar más las Sagradas Escrituras. El Papa Clemente VIII decía que el Espíritu Santo le dio a este gran sabio unas luces muy especiales para poder comprender mejor el Libro Santo. Y el vivir durante 35 años en el país donde Jesús y los grandes personajes de la S. Biblia vivieron, enseñaron y murieron, le dio mayores luces para poder explicar mejor las palabras del Libro Santo.
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