viernes, 8 de noviembre de 2013

Cuánto más pura sea nuestra oración, no nos dominarán nuestras tentaciones.




 
Esta  foto la tomé el pasado 26 de octubre, de este mismo año 2013. En un parque de la ciudad. Había perros y andaba sin la correa, y molestando a otros animales que viven en el parque.
 
Este perro, vemos que está muy furioso porque se atrevía con una pequeña ardilla, Hay perros, que no parecen peligroso, pero no sabes en qué momento va a reaccionar con gran violencia.

Mala cosa, si uno se satisface que un animal, sin razón haga daño a otros, esta satisfacción no es buena, sino de un alma que no tiene vida de oración, y se complacen en el sufrimiento ajenos, de las personas, de los animales, porque los animales no debe tenerse para malos propósitos.

 

Encontré otra foto, sobre otro perro que corre, (foto original: Original )

y yo lo he editado para que saliera de la foto. Para mostrar, que muchos pobres cristianos, no les importa ser devorados por la bestia infernal, cuando busca el pecado. Algunos dicen, “que es mejor un mal menor que un mal mayor”, estos son los que se dejan devorar por sus propios vicios, el demonio queda satisfechos, cuando un alma cristiana no lucha contra su propia tentación, por muy insignificante que sea la tentación, hay que tener mucho cuidado. Porque una gota de veneno de la serpiente, causa la muerte.

 Se han dado noticias, de que perros han llegado a hacer mucho daño a niños, incluso bebés.

 

·         «Nos dice San Agustín, para consolarnos, que el demonio es un gran perro encadenado, que acosa, que mete mucho ruido, pero que solamente muerde a quienes se le acercan demasiado» (San Juan María Vianney, Sermón sobre las tentaciones). 

El demonio no puede hacernos nada si nos acogemos a la protección poderosa de Jesús nuestro Señor, y de María Santísima. Con la Santísima Madre de Dios, podemos conseguir triunfar sobre nuestra superficialidad, tibieza, mundanidad, porque el Señor está con la Llena de Gracia.  

Claro que el enemigo siempre buscara que estemos distraídos, si lo estamos, caemos, pero si estamos alerta, no podrá vencernos.  

No es suficiente con participar de la Vida Eucarística, es decir, por apariencia, por el qué dirá, pero que en su vida interior no vive para el Señor.  

A veces nos podemos quejar, que no quisiéramos tener tentaciones, pero meditando este sermón completo, que no se encuentra en Internet, excepto, algunos pensamientos de él.

 Y lo tengo en tres tomos que he comprado por medio del Apostolado Mariano. 
 

Las tentaciones son demasiado molestas, pues siempre nos viene del Maligno. Pero lo mejor es no caer en la tentación, cualquiera que sea. Hay tentaciones tremendas, que pueden durar días y días, semanas y meses, años, o toda la vida.  

Ha habido santos y santas, que tanto amor tenía a Cristo, aquellas tentaciones se desvanecían, y no la volvían a tener nunca más.
 
¿A quiénes tienta el demonio? A los cristianos, a los que se han determinado buscar profundamente el camino del Señor, le tienta de muchas maneras. Dice también San Juan María Vianney, que el Maligno no tienta a todas las personas, ni siquiera se molestan en hacerles caer, y no se debe precisamente porque buscan la protección de Jesús y María.  

¿Son acasos más tentados los  borrachos, los aficionados al deporte, los que promueven la mundanidad y la idolatría de las diversiones paganas? 

Escuchemos al Santo Cura de Ars en el sermón de las tentaciones, esto es un extracto escogido del sermón, pero convendría leerlo atentamente. Se puede comprar en la Editorial del Apostolado Mariano. Sevilla.

 

·         Más, pensaréis, ¿Quiénes son los más tentados?, ¿no son los borrachos, los maldicientes, los impúdicos, que se abandonan desenfrenadamente a sus obscenidades, un avaro que no repara en medios para enriquecerse? No, hermanos; no son esos; al contrario, el demonio los desprecia, o bien los aguanta por temor de que dure poco tiempo su maldad, ya que cuanto más vivirán, tanto mayor número de almas arrastrarán al infierno con sus malos ejemplos. En efecto, si el demonio hubiera apretado a ese viejo impúdico, hasta el punto de abreviar sus días en quince o veinte años, no habría podido robar la flor de la virginidad a aquella joven que él sepultó en la más infame cenagal de la impureza, no habría tampoco seducido a aquella mujer, o no haría enseñado la maldad a ese joven que tal vez continuará en la iniquidad hasta la muerte. Si el demonio hubiese llevado a ese ladrón a robar a todo trance, seguramente que al poco tiempo subiría al patíbulo, y ahora no induciría a su vecino a obrar como él. Si el demonio hubiese inducido a ese borracho a beber vino sin cesar, haría ya mucho tiempo que habría perecido en la crápula; mientras que alargando sus días, aumentó el número de sus imitadores, si el demonio hubiese quitado la vida a aquel músico, a ese danzante, a ese tabernero, en una riña o en cualquier otra ocasión, ¡cuántos serían sin el concurso de esa gente, se habrían librado de la condenación! San Agustín nos enseña mucho a esa clase de personas; al contrario, las desprecia y escupe sobre ellas,

·         Pero, me diréis ¿Quiénes son los más tentados? Amigos míos, vedlo aquí, atender bien. Son los que más prestos, con la gracia de Dios a sacrificarlo todo por la salvación de su pobre alma; que renuncian a todo lo que en el mundo se desean con tanto afán.

 
Por eso, mis buenos hermanos, si una persona se complace en tal vicio, en tal hábito desordenado, que no hace nada por esforzarse para cambiar de vida,

 

-“no sea que el vicioso se dé cuenta, el murmurador, el que hace juicios temerarios contra la Iglesia Católica y contra nuestros prójimos, se dé cuenta y deje de ofender”. Aunque son pocos los que se dan cuenta y se arrepienten de sus pecados.

Pero aquellos que insisten en lo que es ajeno a las enseñanzas de Cristo, el demonio no les tienta, sino que sigue sembrando en ese corazón, más cizaña, aumenta sus pecados, el demonio se alegra. Incluso cuando se comete sacrilegio en la confesión y la Sagrada Comunión, n o necesitan ser tentados, porque ellos mismos, por propia decisión, según la reflexión del Santo, y cuánto estos incorregibles, añaden pecados sobre pecados, vicios sobre vicios, de esta forma, el Juicio de Dios, será más riguroso, y la sentencia que le sigue, ¡tremenda!

Vemos en nuestros días, como determinadas ideas sectarias, contra la Iglesia Católica, exigencias anticatólicas, agradan a los que están en vías de perdición eterna. Tampoco estos son tentados, pues ellos se han puesto bajo la bandera del príncipe de las tinieblas, que los encaminan hacia la precipitación de la condena eterna.

En otro lugar dice el Santo Cura de Ars, que nuestras tentaciones, cuando no nos dejamos dejar llevar por ella, nos vamos haciendo cada vez más fuertes.

 

Y es importante que sea así. Los Santos padecieron espantosas tentaciones, parecía que no iban a acabar nunca, pero siempre tenían al Señor a su lado. Del mismo modo, nuestras tentaciones pueden llevarnos a la más espantosa oscuridad, a la desesperación, pero cuando nos recuperamos por un momento, inmediatamente acudimos a los pies de Jesús, en el Sagrario, si la iglesia está abierta, pero si está cerrada, también el Señor viene en nuestra ayuda. En todo hogar que bueno es tener un crucifijo, una imagen de la Santísima Madre de Dios, según nuestra devoción.


Nos ayudará también consagrarnos a los Sagrados Corazones de Jesús y María, rezar el Santo Rosario, la Coronilla de la Divina Misericordia, meditar el Santo Vía Crucis, jaculatoria, y demás devociones que tienen la aprobación de la Santa Madre Iglesia Católica. Hace años leí en un librito piadoso, que uno no tiene por qué tener todas las devociones, sino perseverar en las que ya tienen. Si es el Santo Rosario, se haga cada día, los viernes meditación del Santo Vía Crucis, etc. Además, todos los santos, alcanzaron la santidad, gracias a la meditación atenta de la Pasión de Cristo. 

"Cuando el alma devota padece alguna persecución de parte de los hombres, va a buscar su consuelo y su descanso en la gracia de su Dios. y cuando ve que se aumentan en lo exterior las tempestades de las tentaciones, procura defenderse y abrigarse con la esperanza en Dios, retirándose al puerto tranquilo de su conciencia. (S. Greg. el Grande, lib. 2. c. 24, sent. 3, Tric. T. 9. p. 231.)" 


El demonio tiene sus estrategias, pues siempre buscará alguna debilidad del que ya se ha puesto en marcha hacia la santidad, para hacerle caer, y que no se den cuenta. Y lo consigue con bastante frecuencia, el tentado llega a aceptar esas proposiciones del Maligno, que puede ser aquella en que ni la meditación ni la oración sea constante. Por lo que termina que sus oraciones se conviertan, en palabras vacías, totalmente. Sin frutos para la vida eterna.
 

"Cuando las tentaciones impuras no hacen sino mortificar y fatigar a los que las padecen sin poder vencerlos, hagan el efecto que hiciesen, es muy cierto que en vez de dar la muerte al alma con el consentimiento delincuente, sirven más bien para mantenerla y asegurarla más en la humildad: porque reconociendo el alma su flaqueza en la fuerza de la tentación, pone todo su recurso en la divina asistencia, y pierde toda su confianza en sus mismas fuerzas: suerte que se halla más estrechamente unida con Dios, por lo mismo que la hacía temer con dolor que está infinitamente distante. Somos, pues, incapaces de reconocer cuando nos acercamos a Dios, o cuando nos separamos, entretanto que no conozcamos el fin de estas cosas dudosas y mudables: pues en cuanto a las tentaciones, es cosa incierta, si nos prueban o nos matan: y en cuanto a los dones de Dios, tampoco se puede saber si son recompensa temporal para los que viven abandonados de Dios en cuanto a la eternidad, o si nos sostiene durante esta vida para guiarnos a lo que está por venir. (San Gregorio el Grande, lih. 9, c. 13. p. 298, sent. 42. Tric. ihid., págs.246 y 247.)" 
 
 
No sabemos como será el fin de nuestras vidas, pero no podemos dormirnos, sino bien despiertos, haciendo constantemente el bien. Cada día es una lucha contra nosotros mismos, y en Cristo iremos alcanzando progresivamente, los pasos necesarios para entrar en la Vida eterna. 

En este valle de lágrimas, en el que hay sufrimientos y adversidades, que no tienen porque embargar, dominar nuestra vida, la tristeza no es para nosotros, es decir, la tristeza que provoca el pecado, el vicio.

En nuestras luchas, combates contra nuestras tentaciones, no estamos solo en la batalla, Nosotros estamos con la Iglesia Católica, lo cual que Dios está con nosotros, y con María, que siempre atenderá nuestras suplicas, aunque no lo notemos, pero sí, si tenemos fe y nuestro corazón es sincero, o trabajamos para ir creciendo en nuestra fe, en menos de un instante, la tentación perderá todo su poder contra nosotros. Si la tentación persiste, significa, que es tiempo de insistir en la oración, en la humildad de corazón, y una vez pasado esas angustias, no podemos relajarnos. Pues el demonio no se da ni un momento de descanso ni vacaciones.  
 

Jesús mismo, nos consuela con estas palabras: «Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil.» (Mt 26, 41),

La oración constante, la Eucaristía diaria, la Santa Misa, el examen de conciencia, las buenas lecturas que nos ayudan para fortalecer nuestra vida espiritual y unión con Dios. Evitar la ociosidad, por ser peligrosa y nos adormece espiritualmente. Claro que tenemos los medios para combatir las tentaciones. Toda batalla se gana en Cristo Jesús y María Santísima.
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