martes, 25 de febrero de 2014

EVANGELII GAUDIUM ESORTAZIONE APOSTOLICA SULLA CONCLUSIONE DELL'ANNO DELLA FEDE
"SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE"

"EL EVANGELIO ES EL MENSAJE
MÁS HERMOSO QUE TIENE ESTE MUNDO"

JESUCRISTO

Querido/a suscriptor/a de "El Camino de María" y de "La Puerta de la Fe"
josebazoz@gmail.com

"Al iniciar el ciclo de catequesis sobre Jesucristo, catequesis de fundamental importancia para la fe y la vida cristiana, nos sentimos interpelados por la misma pregunta que hace casi dos mil años el Maestro dirigió a Pedro y a los discípulos que estaban con El. En ese momento decisivo de su vida, como narra en su Evangelio Mateo, que fue testigo de ello, "viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que Jeremías u otro de los Profetas. Y El les dijo: y vosotros, ¿quién decís que soy?" (Mt 16, 13-15).

Conocemos la respuesta escueta e impetuosa de Pedro: "Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo" (Mt 16, 16). Para que nosotros podamos darla, no sólo en términos abstractos, sino como una expresión vital, fruto del don del Padre (Mt 16, 17), cada uno debe dejarse tocar personalmente por la pregunta: Y tú, ¿quién dices que soy? Tú, que oyes hablar de Mí, responde: ¿Qué soy yo de verdad para ti?. A Pedro la iluminación divina y la respuesta de la fe le llegaron después de un largo período de estar cerca de Jesús, de escuchar su palabra y de observar su vida y su ministerio (cf. Mt 16, 21-24).

También nosotros, para llegar a una confesión más consciente de Jesucristo, hemos de recorrer como Pedro un camino de escucha atenta, diligente. Hemos de ir a la escuela de los primeros discípulos, que son sus testigos y nuestros maestros, y al mismo tiempo hemos de recibir la experiencia y el testimonio nada menos que de veinte siglos de historia surcados por la pregunta del Maestro y enriquecidos por el inmenso coro de las respuestas de fieles de todos los tiempos y lugares. Hoy, mientras el Espíritu, "Señor y dador de vida"
, nos conduce al umbral del tercer milenio cristiano, estamos llamados a dar con renovada alegría la respuesta que Dios nos inspira y espera de nosotros, casi como para que se realice un nuevo nacimiento de Jesucristo en nuestra historia..." (Beato Juan Pablo II. Catequesis - Audiencia general del  7 de enero de 1987)
El Papa Francisco se refiere en dos puntos de la Evangelii Gaudium a Jesucristo (números 3 y 278) que transcribimos a continuación.
Al final de este capítulo de "Señor, auméntanos la fe"  podremos leer y meditar una síntesis de las homilías pronunciadas por Francisco en las Misas celebradas el 18 y 20 de febrero 2014: "Para conocer a Jesús no basta el Catecismo, hay que seguirle" y "La tentación se supera escuchando la Palabra de Jesús".


3.Invito a cada cristiano, en cualquier lugar y situación en que se encuentre, a renovar ahora mismo su encuentro personal con Jesucristo o, al menos, a tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. No hay razón para que alguien piense que esta invitación no es para él, porque «nadie queda excluido de la alegría reportada por el Señor». Al que arriesga, el Señor no lo defrauda, y cuando alguien da un pequeño paso hacia Jesús, descubre que Él ya esperaba su llegada con los brazos abiertos. Éste es el momento para decirle a Jesucristo: «Señor, me he dejado engañar, de mil maneras escapé de tu amor, pero aquí estoy otra vez para renovar mi alianza contigo. Te necesito. Rescátame de nuevo, Señor, acéptame una vez más entre tus brazos redentores». ¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia.
Aquel que nos invitó a perdonar «setenta veces siete» (Mt 18,22) nos da ejemplo: Él perdona setenta veces siete. Nos vuelve a cargar sobre sus hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría. No huyamos de la Resurrección de Jesús, nunca nos declaremos muertos, pase lo que pase. ¡Que nada pueda más que su vida que nos lanza hacia adelante!

278.La fe es también creerle a Él, creer que es verdad que nos ama, que vive, que es capaz de intervenir misteriosamente, que no nos abandona, que saca bien del mal con su poder y con su infinita creatividad. Es creer que Él marcha victorioso en la historia «en unión con los suyos, los llamados, los elegidos y los fieles» (Ap 17,14).

Creámosle al Evangelio que dice que el Reino de Dios ya está presente en el mundo, y está desarrollándose aquí y allá, de diversas maneras: como la semilla pequeña que puede llegar a convertirse en un gran árbol (cf. Mt 13,31-32), como el puñado de levadura, que fermenta una gran masa (cf. Mt 13,33), y como la buena semilla que crece en medio de la cizaña (cf. Mt 13,24-30), y siempre puede sorprendernos gratamente. Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La Resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la Resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!

 


LA SANTA MISA MATUTINA EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTAHE


PARA CONOCER A JESÚS NO BASTA EL CATECISMO,
HAY QUE SEGUIRLE

"A Jesús se lo conoce siguiéndolo, antes que estudiándolo"

 
A Jesús se lo conoce siguiéndolo, antes que estudiándolo. Así lo ha expresado el Papa Francisco en la homilía de la Misa de Santa Marta del jueves 20 de febrero de 2014. Cada día, explicó, Cristo nos pregunta “quien es Él para nosotros", y sólo podemos responderle si vivimos como sus discípulos.

Es una vida de discípulo, más que una vida de estudioso, lo que permite al cristiano conocer verdaderamente a Jesús. Un camino tras los pasos del Maestro, donde se pueden entrelazar testimonios límpidos con traiciones, caídas y nuevos empujes, más que una aproximación de tipo intelectual. Para explicarlo, el Papa Francisco ha tomado como modelo a Pedro, que el Evangelio del día representa al mismo tiempo como un “valiente testigo”. Es quien a la pregunta de Jesús: ‘¿Quién decís que soy Yo?’, afirma: ‘Tú eres el Cristo’“Muchas veces, observa el Papa, Jesús se dirige a nosotros y nos pregunta: ‘¿Quién soy yo para ti?’ obteniendo “la misma respuesta de Pedro, que hemos aprendido en el Catecismo”, pero no es suficiente."

“Parece que para responder a la pregunta que todos escuchamos en nuestro corazón -‘¿Quién es Jesús para nosotros?’- no es suficiente lo que hemos aprendido, estudiado en el Catecismo, que es importante estudiarlo y conocerlo, pero no es suficiente. Para conocer a Jesús es necesario hacer el mismo camino que hizo Pedro que siguió caminando con Jesús, vio los milagros que Jesús hacía, vio su poder, pagó los impuestos como Jesús le enseñó que debía hacer ... Pero, en un determinado momento, Pedro ha renegado de Jesús, le ha traicionado, y ha aprendido esa difícil ciencia -más que ciencia, sabiduría- de las lágrimas, del llanto”.

"Pedro, prosiguió Francisco, pide perdón a Jesús y, a pesar de esto, después de la Resurrección, Él le interroga tres veces en a playa de Tiberíades, y probablemente, dice el Papa, al reafirmar su amor total por su Maestro llora y se avergüenza al recordar las tres veces que renegó de Él.

“Esta primera pregunta  -‘¿Quién soy yo para vosotros, para ti?’- a Pedro, solo se entiende junto a un camino, a un largo camino, un camino de gracia y de pecado, un camino de discípulo. Jesús a Pedro y a sus discípulos no les dijo: ‘¡Conocedme!’, sino que les dijo: ‘¡Seguidme!’. Y en este seguir a Jesús nos hace conocerle. Seguir a Jesús con nuestras virtudes, y con nuestros pecados, pero seguirle siempre. No es un estudio de cosas, que es necesario, sino una vida de discípulo”.

Se necesita, insiste Papa Francisco, “un encuentro cotidiano con el Señor, todos los días, con nuestras victorias y nuestras debilidades”. Pero, añade, es también “un camino que no podemos recorrer solos. Es necesaria la intervención del Espíritu Santo".

“Conocer a Jesús es un regalo del Padre, es Él el que lo da a conocer; es un trabajo del Espíritu Santo, que es un gran trabajador. No es un sindicalista, es un gran trabajador y trabaja en nosotros. Hace este trabajo de explicar el misterio de Jesús y de darnos este sentido de Cristo.
"Miremos a Jesús, Pedro, los apóstoles y escuchemos en nuestro corazón esta pregunta: ‘¿Quién soy yo para ti?’. Y como discípulos pidamos al Padre que nos dé el conocimiento de Cristo en el Espíritu Santo, que nos explique este misterio”.
 


LA TENTACIÓN SE SUPERA ESCUCHANDO
LA PALABRA DE JESÚS
Francisco explica de dónde viene la tentación,
cómo actúa y cómo se supera

El resistir a la seducción de las tentaciones es posible sólo “cuando se escucha la Palabra de Jesús”, afirmó el Papa Francisco en la homilía de la Misa que presidió el martes 18 de febrero de 2014 en la Casa Santa Marta. A pesar de nuestras debilidades, aseguró, Cristo nos da siempre la “confianza”, y se abre un horizonte más amplio que nuestros límites.

La tentación se manifiesta como una atracción inocua y termina por transformarse en una jaula, de la que muchos intentan escapar minimizando la esclavitud, sordos a la Palabra de Dios.

En la homilía, el Papa Francisco reafirmó una verdad y una consecuencia descrita por Santiago en un versículo de su Carta, propuesta por la liturgia. La verdad es que nunca es Dios el que tienta al hombre, sino sus pasiones; la consecuencia es la producida por las mismas pasiones, que, según el apóstol, “conciben y generan el pecado; y el pecado una vez cometido, produce la muerte".

“La tentación, ¿de dónde viene?, ¿cómo actúa dentro de nosotros? El apóstol nos dice que no viene de Dios, sino de nuestras pasiones, de nuestras debilidades internas, de las heridas que dejó en nosotros el pecado original -explicó Francisco-. Las tentaciones vienen de allí, de nuestras pasiones”.

“Es curioso, la tentación tiene tres características: crececontagia y se justifica –añadió-.Crece: comienza con un aire tranquilo, y crece… El mismo Jesús decía esto, cuando hablaba de la parábola de la cizaña sembrada por el enemigo. Y la tentación crece: crece, crece… Y si alguien no la detiene, lo ocupa todo”.

Además, prosiguió el Papa Francisco, la tentación “busca a otro para tener compañía,contagia” y “en este crecer y contagiar, la tentación nos encierra en un ambiente del que no se puede salir con facilidad”.

“Es la experiencia de los apóstoles narrada en el Evangelio de hoy, que ve cómo los Docese justifican y se echan la culpa unos a otros por no haber traído el pan a bordo de la barca”, prosiguió.

Jesús, dijo el Papa, quizás sonriendo al recordar ese juego de palabras, les invita a guardarse de la “levadura de los fariseos, de Herodes”.

Pero los apóstoles insisten un poco sin escucharle, comentó el Papa, “encerrados en el problema de quien tenía la culpa de no haber traído el pan, en que no tenían espacio, no tenían tiempo, no tenían luz para la Palabra de Dios”.

“Y así, cuando estamos en tentación, no escuchamos la Palabra de Dios: no escuchamos. No entendemos”, constató.

“Jesús tuvo que recordarles la multiplicación de los panes para hacerles salir de ese ambiente, porque la tentación nos encierra, nos quita toda capacidad de mirar más allá, nos cierra el horizonte, y así nos lleva al pecado”, añadió.

Según el Papa Francisco, “cuando estamos en la tentación, sólo la Palabra de Dios, la Palabra de Jesús, nos salva. Escuchar esa Palabra que nos abre el horizonte… Él siempre está dispuesto a enseñarnos cómo salir de la tentación. Y Jesús es grande porque no sólo nos hace salir de la tentación, también nos da más confianza”.

Esta confianza, afirmó el Papa, es “una fuerza grande; cuando estamos en la tentación: el Señor nos espera”, “se fía de nosotros así tentados, pecadores”, “abre más horizontes”.

Al contrario, repitió el Papa Francisco, el diablo con “la tentación, cierra, cierra, cierra” y hace crecer un ambiente similar al de la barca de los apóstoles. No dejarse “aprisionar” por este tipo de ambiente, concluyó, sólo es posible “cuando se escucha la Palabra de Jesús”.

“Pidamos al Señor que siempre, como hizo con los discípulos, con su paciencia, cuando estemos en tentación, nos diga: ‘Detente, quédate tranquilo. Recuerda qué hice en ese momento, en aquel momento: recuerda. Levanta los ojos, mira el horizonte, no te cierres, no te cierres, ve hacia delante’ –concluyó-. Y esta Palabra nos salvará de caer en el pecado en el momento de la tentación”.


¡Madre, ayuda nuestra fe!


Abre nuestro oído a la Palabra, para que reconozcamos la voz de Dios y su llamada.

Aviva en nosotros el deseo de seguir sus pasos, saliendo de nuestra tierra y confiando en su promesa.

Ayúdanos a dejarnos tocar por su amor, para que podamos tocarlo en la fe.

Ayúdanos a fiarnos plenamente de él, a creer en su amor, sobre todo en los momentos de tribulación y de cruz, cuando nuestra fe es llamada a crecer y a madurar.

Siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.

Recuérdanos que quien cree no está nunca solo.

Enséñanos a mirar con los ojos de Jesús, para que Él sea luz en nuestro camino.

Y que esta luz de la fe crezca continuamente en nosotros, hasta que llegue el día sin ocaso, que es el mismo Cristo, tu Hijo, nuestro Señor.
Video de la homilía del jueves 20 de febrero de 2014
Video de la homilía del martes 18 de febrero de 2014
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