sábado, 21 de junio de 2014

LIBERTAD O LIBERTINAJE

La libertad es una palabra que está en boca de todos. Todos la queremos, la reclamamos, la exigimos, la defendemos. La modernidad la considera un bien imprescindible para el hombre moderno que  rehuye  todo tipo de esclavitudes pero que es incapaz de comprender desgraciadamente, en muchas ocasiones, que pese a lo que cree y dice vive en ellas y de ellas: Por eso, muchos hablan de las esclavitudes del llamado mundo libre.
¿Sabemos de verdad que lo es la libertad? ¿Sabemos dónde radica? ¿Cómo se consigue? Como muchas veces no lo sabemos nos creemos libres cuando vivimos  encadenados en el libertinaje y cuando no se respeta la naturaleza física (con sus leyes) o las leyes morales, las consecuencias son desastrosas: el libertinaje, si toco un cable de alta tensión el efecto es morir electrocutado. Si me lanzo al vacío desafiando la ley de la gravedad el efecto no será menos destructor para mi persona. El premio Nóbel de física, W. Heisenberg afirma: la libertad de volar consiste en el conocimiento de las leyes de la aerodinámica. De igual modo, la libertad de las decisiones de la vida sólo es posible por la adhesión las normas éticas y quien pretende despreciarlas, como si fuesen una coacción, pondría sólo desenfreno en lugar de libertad” Pero son muchos desgraciadamente entre nuestros contemporáneos quienes sostienen como una falsa ideología, apoyada en la equivocada antropología del existencialismo sartriano, según el cual estamos condenados a ser libres y que no duda en afirmar la incalificable sentencia: “ El hombre es meramente como él se concibe” (“El Existencialismo no es un humanismo”. Losada, Buenos Aires , 1980,22). Como según Sartre no tenemos naturaleza, carecemos de criterio decisivo para nuestra conducta, que no sea mi subjetiva decisión, que por supuesto no tendrá más valor que la contraria: después de todo somos una “pasión inútil”. ¡Qué más da! El concebir es lo que hace ser. El existir prescinde del consistir. ¿Quién puede ser tan estúpido de no ver la irrealidad de esta propuesta?
Una sana reflexión sobre la libertad, bien entendida y querida, me lleva a aceptar mi propio ser: quien y que soy, que me mueve a asumir en toda su radicalidad mi persona con su dignidad basada en mi naturaleza inteligente, voluntaria y libre (y, si bautizado, a imagen y semejanza divinas). La más profunda raíz de la libertad consiste en aceptarme como soy, creado para la verdad y para la bondad, asumiendo consciente y consecuentemente la ley natural. Ir contra mi naturaleza equivale a desnaturalizarme envileciendo y degradando mí desarrollo personal. Tengo libertad para comprometerla en la justicia, la solidaridad, la belleza, la verdad y la bondad. No para dejarme llevar por el capricho, el instinto, la fuerza bruta. El malestar de la sociedad actual radica en último término en el abuso y mal uso de la libertad. La libertad sin ley natural se diluye en libertinaje, sea en el uso despótico del poder, del  dinero, de las mismas leyes, quizá legales, pero ilegítimas; porque siempre se viola de dignidad humana cuando las leyes positivas no estén en armonía con el derecho natural. Una libertad anárquica no es libertad, es libertinaje, que ante eso después se destruye a sí misma.
Una sociedad sana sólo se construye sobre el cimiento del orden moral y éste sobre el de la verdadera religión. Como tantas veces hemos visto cuando la libertad se endiosa embrutece a quien la adora. Se multiplican las libertades pero se anula la libertad que se convierte como  ya dijera Lutero: “res de solo título”, es decir,  cosa sin realidad, pero nombre bonito, sin verdadera realidad. Enseñemos a nuestros jóvenes que el dinero antes que el esfuerzo sólo está en el diccionario de la lengua.
En definitiva, la libertad no es absoluta, está condicionada por la verdad y la bondad de la naturaleza, que al mismo tiempo también está limitada por su propio condicionamiento. Sólo  Dios es un Absoluto.  Nosotros somos absolutos relativos. Pero sólo admitiéndolo y viviéndolo somos lo que somos y lo que debemos ser. Ojalá que todos lo entendiéramos y lo viviéramos. Sólo así seremos, con todos sus defectos, una sociedad sana en libertad solidaria.

Dr. Santiago Martínez Saez
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