jueves, 24 de diciembre de 2015

Arzobispo invita a preguntarse en Navidad por qué Dios se hizo hombre

BUENOS AIRES, 23 Dic. 15 / 06:08 pm (ACI).- ¿Por qué Dios se hizo hombre y qué relación tiene con mi vida?, es la pregunta que los católicos tienen que hacerse ahora que llega la Navidad, afirmó el Arzobispo de Santa Fe de la VeraCruz (Argentina), Mons. José María Arancedo, quien recordó que “la vida cristiana es esencialmente misionera”.

En su reflexión semanal con relación a la Navidad, el Prelado señaló que “hay un mundo que vive a la espera de este encuentro con Jesucristo, esto nos debe llevar a preguntarnos cómo vivimos nuestra fe y nuestro compromiso misionero”.
“No podemos privatizar a Jesucristo, hacerlo algo exclusivo para mí. Él ha venido para todos y me necesita para llegar a todos”, señaló. “Cuando Francisco nos habla de una ‘Iglesia en salida’, nos está recordando esta verdad de nuestra fe”, añadió.
Asimismo, dijo que los católicos se pueden preguntar “por qué el Hijo de Dios se hizo hombre, y qué relación tiene ello con mi vida, con el mundo”.
“La respuesta la encontramos en la misma Palabra de Dios que nos trasmite San Juan: ‘Tanto amó Dios al mundo, que le envío a su Hijo único,… no para condenarlo sino para salvarlo”. Ello nos habla, ante todo, de una relación de Dios con el mundo, pero también de un envío de su Hijo y de una finalidad. A esta realidad de nuestra fe la llamamos el misterio de la Encarnación”, explicó.
Mons. Arancedo afirmó que “en Navidad celebramos con gozo el cumplimiento de este sí de Dios al hombre. La fe, que se apoya en la Palabra de Dios, es la que nos introduce en esta verdad profunda del hombre y de la creación. Ella nos permite leer esta historia de Dios que es única y personal. Esto significa que mi vida no es algo más en el mundo, sino alguien sobre quien Dios tiene una mirada personal”.
“Comprender esto, que Dios me ama personalmente y me ha enviado a su Hijo para salvarme, es decir, para acompañarme y ser mi camino y mi vida en este mundo, es vivir en la verdad de lo que soy. Solo en Jesucristo, nos recuerda elConcilio Vaticano II, se ilumina y se comprende plenamente el misterio de la vida del hombre, de mi vida. Este es el sentido del misterio de la Encarnación”, subrayó.
En ese sentido, indicó que “el saberse destinatario de este camino de Dios compromete. No se trata solo de dar una respuesta personal a Jesucristo, sino de comprender que mi vida está llamada a ser anuncio de esta verdad para mis hermanos. La vida cristiana es esencialmente misionera, porque es encuentro con Jesucristo: ‘¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!’, es la auténtica conciencia de un cristiano que nos transmite san Pablo”.
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