jueves, 24 de diciembre de 2015

Delante del Misterio de la Natividad solo vale el silencio y la adoracion profunda


A la Virgen de la Noche Buena y la Paz
Señora de la Nochebuena,
Señora del Silencio y de la Espera;
esta noche nos darás otra vez al Niño.
Velaremos contigo hasta que nazca
en la pobreza plena,
en la oración profunda,
en el deseo ardiente.
Cuando los ángeles canten
"Gloria a Dios en lo más alto de los cielos
y paz sobre la tierra
a los hombres amados por él",
se habrá prendido
una luz nueva en nuestras almas,
habrá prendido una paz inmutable
en nuestros corazones,
y se habrá pintado
una alegría contagiosa en nuestros rostros.
Y nos volveremos a casa en silencio:
iluminando las tinieblas de la noche,
pacificando la nerviosidad de los hombres
y alegrando las tristezas de las cosas.
Después en casa,
celebraremos la Fiesta de la Familia.
Alrededor de la mesa, sencilla y cordial,
nos sentaremos los chicos y los grandes:
rezaremos para agradecer,
conversaremos para recordar,
cantaremos para comunicar,
comeremos el pan y las almendras que nos unen.
Afuera, el mundo seguirá tal como lo mismo.
Tinieblas que apenas quiebran
la palidez de las estrellas.
Angustias que apenas cubren
el silencio vacío de la noche.
Tristezas que apenas disimulan
la lejana melodía de las serenatas.
En algún pueblo no habrá Nochebuena
porque están en guerra.
En algún hogar no habrá Nochebuena
porque están divididos.
En algún corazón no habrá Nochebuena
porque está en pecado.
Señora de la Nochebuena,
Madre de la Luz, Reina de la Paz,
Causa de nuestra alegría,
que en mi corazón nazca
esta noche otra vez Jesús.
Pero para todos:
para mi casa,
para mi pueblo,
para mi patria,
para el mundo entero.
Y sobre todo,
fundamentalmente,
que nazca otra vez Jesús
para gloria del Padre.
Amén.
Siervo de Dios Eduardo F. Cardenal Pironio
SANTA NAVIDAD+

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