sábado, 26 de diciembre de 2015

¿QUE ES UNA FELIZ NAVIDAD?


Reflexión del Pbro. Dr. Pedro Hidalgo Díaz
Compartimos el texto original completo de la reflexión:
FELIZ NAVIDAD, HACIENDO UN ESPACIO IMPORTANTE AL SEÑOR EN NUESTRO CORAZÓN Y NUESTRA VIDA
¿Cuántas veces nos han dicho o hemos dicho Feliz Navidad? Pero ¿Qué es una Feliz Navidad? ¿Qué hace Feliz a quien celebra esta fiesta? ¿Por qué se dice que es una fiesta de gozo y alegría?
Tal vez muchos piensen que la felicidad de la Navidad se encuentra en lo anecdótico y periférico: reunión familiar, regalos, buenos deseos, fuegos artificiales, etc.
Pero ¿qué hace Feliz la Navidad? En su homilía de la Misa de la Noche de Navidad el año 2012, el papa Benedicto XVI preguntaba: «¿Tenemos un puesto para Dios cuando Él trata de entrar en nosotros? ¿Tenemos tiempo y espacio para Él?» La respuesta a esas preguntas es la clave para entender la felicidad de la Navidad. La Navidad nos recuerda que Dios quiso entrar en la historia de los hombres para redimirla y redimirnos. Ese ingreso en la historia humana no es algo abstracto sino una realidad muy concreta. Dios entra en la historia humana en Belén de Judá, asume la historia de los hombres, se hace protagonista de la misma. Desde ese momento la historia humana se eleva de categoría. Dios se hizo hombre para que los hombres nos divinicemos. Desde el ingreso de Jesucristo en la historia de los hombres, los seres humanos asumimos una nueva dignidad. «Reconoce, oh cristiano, tu dignidad» exclamaba el papa san León Magno. El hombre comparte con Dios la humanidad; Dios dignifica al ser humano. La Palabra eterna de Dios, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, el Hijo de Dios se hizo hombre para que, siendo pequeño como un niño y viviendo la vida de los hombres, nos mostrase el camino de la verdadera humanización. Dios hecho hombre nos enseña a los hombres qué es ser hombre. Nos enseña que la vida es plena cuando se vive como una relación con Dios y con los demás hombres. Cuando se vive como hijo del Padre Dios y hermano de los demás hombres, entonces se aprende el secreto de la verdadera humanidad.
Pero la Navidad no sólo evoca ese momento puntual del nacimiento de Jesucristo en Belén. Tal nacimiento bendito se realizó en un momento y lugar concretos pero tiene una eficacia perenne, que no pasa.
La Navidad trasciende ese momento histórico. El misterio del nacimiento del Hijo de Dios en la carne humana es anuncio gozoso de que Dios quiere entrar en la historia de cada hombre, en nuestra historia particular. Desde que el Hijo de Dios nació en Belén, abrió la posibilidad de compartir la vida de cada ser humano. Navidad nos recuerda que Cristo quiere entrar en nuestra vida: inspirando nuestros pensamientos; educando nuestros deseos; ordenando nuestros afectos; santificando nuestras acciones y operaciones, etc. Desde que el Hijo de Dios entró en la historia humana comenzó a enseñar qué es ser hombre y a hacer posible la realización de ese proyecto de vida en cada persona. El admirable intercambio que los Padres de la Iglesia celebraron es que Dios se hizo hombre para que nosotros viviésemos la vida de Dios, gracias a Jesucristo. Jesucristo nos permite entrar en una adecuada relación con el Padre, nos hace hijos y permite que el Padre, junto con Él, nos envíen el Espíritu Santo que ayuda a plasmar la existencia según Dios.
Es preciso plantearnos hoy si le hacemos un espacio a Dios en nuestra vida, si tenemos tiempo y espacio para Él. Con frecuencia nos excusamos de la oración, de la lectura y meditación del evangelio, de la participación en la vida de la Iglesia, del esfuerzo de formación doctrinal o de la participación en la misa dominical con un «no tengo tiempo». Y me parece que cuando hay amor el tiempo se encuentra. Más que decir no tengo tiempo tal vez habría que decir: «no amo mucho, por eso no me doy tiempo». La Navidad es ocasión de ponernos ante el amor humilde del Buen Dios y preguntarnos si creemos en ese amor, si nos mueve ese amor divino.
Allí donde no hay espacio para Dios no hay tampoco espacio para el hermano, menos para el necesitado.
La Navidad, entonces, es feliz, sólo si nos lleva a situarnos ante el amor de Dios que se muestra en la Palabra hecha carne, en el Niño nacido en Belén, y asombrados ante ese amor divino decidimos hacerle un espacio y un tiempo a Dios en nuestra vida. Y cuando Jesús entra en la vida sentimos la urgencia que todo nuestro tiempo y todo espacio de la vida sea llenado por Él y salimos al encuentro de los demás hombres para compartir la vida con ellos y servirlos como a auténticos hermanos. Entonces, la vida es distinta, se vive en gozo, en alegría, en paz, aún en medio de las contradicciones y dificultades cotidianas. Las contradicciones y dificultades se convierten, entonces, en oportunidad de experimentar la fuerza de Dios y su presencia infalible a nuestro lado.
Que esta sea para todos los que lean estas líneas y quien las escribe una Feliz Navidad.
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