viernes, 25 de diciembre de 2015

La perfecta alegría, según San Francisco de Asís

Iban San Francisco y el hermano León camino de Santa María de los Ángeles desde Perugia, era invierno y estaban atormentados por el fuerte viento, cuando el hermano León le preguntó:

Padre, te ruego por parte de Dios, que me digas dónde está la perfecta alegría.

Y san Francisco le respondió así:

Cuando lleguemos a Santa María de los Ángeles, completamente mojados por la lluvia y muertos de frío, llenos de barro y afligidos por el hambre, y toquemos a la puerta del convento, y el portero, irritado nos diga:

¿Quiénes son ustedes?
Y nosotros le digamos:

Somos dos de vuestros hermanos, y él nos diga:

No es cierto: son dos vagabundos que buscan engañar al mundo y roban las limosnas de los pobres; fuera de aquí.

Y no nos abra y nos deje a la intemperie bajo la nieve y la lluvia, con frío y hambre hasta la noche: entonces, si soportamos tal injuria y crueldad, tantos malos tratos, pacientemente, sin perturbarnos y sin hablar mal de él (…) escribe que en ello no está la perfecta alegría.
Y si aún, confusos por el hambre y el frío y la noche tocamos una vez más y pedimos por el amor de Dios, con lágrimas en los ojos, que nos abra la puerta y nos deje entrar, y él más escandalizado dijera:
Vagabundos inoportunos, les pagaré como merecen.

Y saliera de ahí con un palo y nos agarrara la capucha y nos tirara al piso y nos arrastrara por la nieve y nos golpeara con el palo:

Si nosotros soportamos todas esas cosas pacientemente y con alegría, pensando en los sufrimientos de Cristo bendito, los cuales debemos soportar por su amor:

¡Oh hermano León!, escribe que ahí y en eso está la perfecta alegría, y escucha la conclusión hermano León.

Por encima de todas las gracias y todos los dones del Espíritu Santo, los cuales Cristo concede a los amigos, está el vencerse a sí mismo y, voluntariamente, por amor, soportar trabajos, injurias, oprobios y desprecios.
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